Acerca del Maestro Ignorante de Jacques Rancieri

 

Reflexiones acerca de “El maestro ignorante” de Jacques Rancieri

Jacques Rancieri convoca a la reflexión sobre el hecho de que los docentes al explicar lo que ya está en los libros lo que buscan es atontar al estudiante, y reproducir una relación de dominación que confirme su estado de incapacidad, de inferioridad. Rescata la experiencia de un profesor, Jacques Jacotot, que vivió la Revolución Francesa y durante su experiencia como docente descubrió que sus alumnos belgas no necesitaban sus explicaciones y en cambio eran capaces de escribir en francés, sin necesidad de que él les hubiera enseñado las reglas, a partir de un texto bilingüe. Rancieri sostiene que se debe partir de una relación de igualdad como punto de partida del aprendizaje donde el docente se ubique desde el reconocimiento de su propia ignorancia, en una relación de asombro frente al conocimiento.

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Veamos. En la escuela del siglo XXI , la explicación es sólo uno de los recursos que utiliza el/la docente para ayudar al proceso de construcción del conocimiento que realiza el/la estudiante.

 

Efectivamente, hoy la didáctica, apoyada en los avances de la psicología y en particular la psicología educacional, ha comprendido que no se aprende simplemente por la toma de contacto con el conocimiento, que no entra a tábula rasa, ni se copia en nuestra memoria: se construye a partir de saberes previos, el alumno/a va conformando esquemas cognitivos, que le permiten establecer conexiones con cosas ya vistas, etc. Desde el constructivismo basado en Piaget, hasta las corrientes cognitivas, la simple memorización o recepción ha sido desterrada hace rato.

 

Los procesos de enseñanza hoy recurren a variadas herramientas para facilitar esa construcción. Solo en contados casos hoy en primaria y menos en inicial se recurre a la exposición-explicación. En media es empleada apenas un poco más y sí, mucho más en los niveles superiores. En general se ha pasado a emplear mucho las guías de investigación, el uso de manuales o libros de texto con actividades prescriptas, la búsqueda de información por Internet, los ejercicios de aplicación, las actividades de integración de conceptos a partir de casos nuevos, el estudio de casos, etc.

Por el contrario, me atrevo a decir que estamos en las antípodas de la preocupación de Rancieri.  El giro hacia la no explicación hoy en la escuela, es a veces exagerado y la falta de explicaciones, de una exposición oral por parte del/la docente es  un problema ya que los/las alumnas/os están careciendo de modelos de exposición oral que enriquezcan su vocabulario, los convoquen a la exigencia de comprensión de conceptos y argumentos desde la oralidad. En una cultura audiovisual, con pérdida creciente de la lectura de textos, la falta de explicaciones está operando como un refuerzo de la cultura del zaping.

 

Pero la apelación a nuevos recursos para la construcción del conocimiento, que es un proceso individual, pero que se realiza en espacios sociales, con pares y docentes, no significa que el/la docente no deba conocer en profundidad los temas de qué se trata. Es bastante difícil que se pueda ayudar a esa construcción si se es ignorante como tan ligeramente propone el autor.

 

Sólo con buen conocimiento de las disciplinas el/la docente puede contribuir a ayudar al/la  estudiante en esa construcción. El actual desarrollo del conocimiento nos pone cada día en la necesidad de actualizarnos, en ser exigentes con nuestros propios saberes y estamos en una permanente  amenaza  de “desactualización”. Esto significa que desde los espacios de reflexión de los docentes debemos promover la inquietud por la actualización y no, como lamentablemente hace este libro, hacer apología de la ignorancia. Que el/la docente no deba utilizar sus conocimientos para establecer una relación de poder, y que el/ella misma deban admitir los inevitables límites de su conocimiento acerca de la vastedad de disciplinas y reconocer su propia ignorancia o límites ante las preguntas de los estudiantes, es cosa distinta a presentar una situación que relativice la necesidad de que el/la docente estudie mucho antes, y durante su actividad laboral.

 

Polemizar sobre si existe igualdad o no frente al conocimiento entre docente y alumno puede llevarnos a equívocos. Igualdad es un término que se asocia a valoraciones de tipo social, subjetivas, a ausencia de relaciones de poder, o de dominación. etc. No queremos eso en educación. Bien. Busquemos un término que nos permita comprender de lo que hablamos. Es inapropiado decir que las dos partes saben lo mismo, ya que si así fuera no tendría sentido establecer un vínculo entre uno y otro. Yo no voy a un establecimiento donde no existe alguien que, mediante recursos diversos, y a partir de sus mayores conocimientos que los míos, en las disciplinas y en las metodologías de enseñanza, me permita aprender. Para eso me quedo en casa.

 

Tampoco se trata de cristalizar la relación en un supuesto ignorante frente a un sabio. Afortunado Jacobot que se adelantó a su época y lo descubrió hace dos siglos. Pero presentarlo como descubrimiento en el siglo XXI, es por lo menos desconocer lo que hace ya varias décadas es patrimonio de cualquier establecimiento de formación docente: trabajamos con los saberes previos de los alumnos, con sus representaciones. La tábula rasa ya  fue, hace mucho. Esto aún es más claro en la educación del adulto que siendo analfabeto no es, sin embargo, ignorante. Por eso es bastante fértil la lectura de los diversos trabajos de Pablo Freire que ya en la década del 70 abrió bastantes cabezas. Freire partía justamente de los conocimientos que esos adultos tenían de sus medios, para otorgarles la posibilidad de acceder a la palabra, oral y escrita.

 

La tríada docente, estudiante, conocimiento, es efectivamente diferente a la que se concibió otrora donde el docente aparecía como el dueño del saber, una relación dual. Bien, hay tríada, pero el rol del docente no es simplemente asombrarse al lado del alumno/a. Es guiar ese proceso de búsqueda y para ello requiere saber más que el/la alumna y no simplemente asombrarse a su lado.

 

Finalmente, este libro tiene el mérito de habernos hecho conocer una vez más la fuerza de la Revolución Francesa que dio a luz procesos de reflexión como los de Jacotot. Una delicia. Pero dos siglos después, el diagnóstico de Rancieri no nos ayuda a comprender los  graves problemas educativos actuales ni recoge las  respuestas que la didáctica y la psicología educacional ya han aportado para poder interpelarlas.

 

Laura Marrone

Bs. As., 2009

 

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Sobre nosotros Laura Marrone

Legisladora Ciudad de Buenos Aires - FIT-Izquierda Socialista 2017-2019 Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA) Trayectoria laboral Profesora de Enseñanza Superior (2012-2018) Maestra (1984-2012) Cajera de venta de hamburguesas (París 1981-1983) Mucama de hotel (París 1981) Empleada en fábrica metalúrgica (Madrid 1979-1981) Bibliotecaria (1973-1976) Trayectoria política Fue Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys (2010-2013) Vicepresidente de UMP-CTERA (1985-1989) Exiliada política por estado de sitio (1979-1983) Militó en la Liga Socialista de los Trabajadores de Francia y en el movimiento de los inmigrantes sin papeles de París Militó en Comisiones Obreras de España, en la rama metalúrgica en Getafe, España. Fue expulsada de España durante el Tejerazo. (1981) Presa política de la dictadura (1976-1979) Delegada de nivel superior en la UEPC-CTERA- Córdoba (1973-1976) Delegada estudiantil en la Facultad de arquitectura (1971-1973) Ingresó a la corriente morenista a la cual perteneció hasta la actualidad 1971-2018 en sus diferentes organizaciones. PRT-La Verdad (1971-1972, PST (1972-1983), MAS,(1983-2004) Izquierda Socialista (2011 y sigue). Militante del movimiento tercer mundista del catolicismo en Córdoba (1969-1971) Escribió libros de texto para el nivel primario y secundario para Estudios Sociales y Formación Ciudadana. Artículos sobre política educativa.

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