La huelga docente de 1988: LAS LECCIONES DEL MAESTRAZO

A 30 AÑOS DE LA HULEGA DOCENTE DE 1988

 

Para conocimiento de las jóvenes generaciones que hoy pueblan las aulas de la escuela pública, ponemos a consideración este trabajo de Lista de Maestros que fue confeccionado en ocasión de cumplirse los 20 años de esta histórica lucha.

Laura Marrone

A 20 años de la huelga docente de 1988

Las lecciones del “maestrazo” 

Primer aporte para la memoria realizado por Colectivo Lista de Maestr@s 

Ciudad de Bs. As Marzo-Abril 2008 – listademaestros@yahoo.com.ar 

“Nunca antes me había sentado en una avenida para hacer una asamblea”… “Les hablábamos a los padres en la puerta de la escuela”… “Me compré mis primeras zapatillas para ir a las marchas”… “el mandato del distrito, reunidos en el club, todos los días”… “Ay, los descuentos… todavía duelen”

El 14 de marzo de 1988 comenzaba la larga huelga recordada como el “maestrazo”. Durante 43 días, 530.000 docentes de todo el país y de todas las ramas realizaron un paro por tiempo indeterminado en reclamo de salario y por más presupuesto educativo. 
Miles de anécdotas fluyen cuando en la sala de maestros surgen los recuerdos de la huelga más larga que hicimos en Capital, que también fue la más masiva y participativa. En mayo de 2008 se cumplen 20 años. Lista de Maestr@s quiere hacer memoria. Sobre sus lecciones, alegrías, sinsabores, logros. ¿Por qué participó todo el mundo, desde la “delegada” hasta la compañera que nunca antes había ido a una marcha? ¿Por qué las familias y la población apoyaron? ¿Por qué se pudieron hacer las primeras asambleas de Capital de la historia con miles levantando la mano para votar? ¿Por qué se perdió? 

La huelga surge del mandato de escuelas

Miles de escuelas iniciaron la consulta y las asambleas ya en el mes de febrero. Los mandatos mayoritarios arrojaron el reclamo para que no se iniciaran las clases por tiempo indeterminado hasta que se lograra un aumento salarial equivalente al deterioro por la inflación: 1000 Australes de básico y un nomenclador único nacional móvil que impidiera dejar a las provincias más pobres por fuera. La cifra era resultado de la actualización del salario de acuerdo a la inflación tomando como base el salario del ´83. 
La huelga surgía a partir de la división de la CTERA en dos fracciones con sus secretarios: la CTERA Arizcuren (A) y la CTERA Garcetti (G) [ver recuadro en pág. 2]. En el marco de esa división pudo fluir el descontento de la docencia de todo el país contra la política económica del gobierno. 
La “consulta a la base” se estableció aún allí donde la conducción de la CTERA (G) controlaba y quería circunscribirla a un reclamo por 770 australes y un paro de 48 hs. El paro por tiempo indeterminado, resuelto por la CTERA(A) se impone de hecho aún cuando la CTERA (G) no lo había decretado. “Nos preparábamos para una huelga larga, como en el ’58” expresan protagonistas de la época. 

Los planes del gobierno radical y el F.M.I.

Hacía poco tiempo que se había restituido el orden constitucional. No había sido con “juicio y castigo”. Sólo poco tiempo antes de la huelga, el gobierno de Alfonsín había concedido ante los militares “carapintadas”, insurrectos en Semana Santa del ’87, las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Mediante esas leyes, se pretendía que el juicio y castigo a los militares genocidas quedara en el olvido. 
Las grandes potencias y los organismos financieros internacionales, junto con los empresarios golpistas, habían logrado endeudar al país durante la dictadura y el pago de los intereses de la deuda se comía casi la cuarta parte del presupuesto nacional. (22% en el ’87). El gobierno radical se mostraba incapaz de enfrentar las exigencias del FMI y cada año contraía nuevos préstamos que aumentaban la deuda sólo para pagar los intereses. Los organismos internacionales exigían como contrapartida el rediseño del Estado a través de la privatización de los servicios públicos y el “ajuste” de los gastos mediante congelamientos salariales y reducción de puestos de trabajo, entre otras medidas. El salario pasó a ser la variable del “ajuste” y su pérdida de poder de compra era diaria. Al inicio del ’88 el gremio docente ya había perdido 43% de su salario respecto del año ’81, un año antes de Malvinas. 
Al mismo tiempo que se da el Maestrazo surgen crisis en los Estados provinciales de Tucumán, Salta, Santiago del Estero, Entre Ríos, La Rioja y Jujuy que no van a pagar los sueldos de los empleados estatales. 
Numerosos conflictos salariales estallaban en diferentes gremios del país contra la escalada inflacionaria que rondaba el 15% mensual. Estas luchas se enlazaban con otras por la democratización de los sindicatos contra viejas conducciones burocráticas, algunas de ellas ostensiblemente cómplices de la dictadura. En las elecciones sindicales, tanto de sectores industriales como estatales, surgían nuevas listas de jóvenes luchadoras y luchadores que reclamaban el funcionamiento asambleario, que el o la delegada consultara a la base, e implementara el mandato del lugar de trabajo. 
La bronca contra el autoritarismo de los años de represión había estallado y la democratización inundaba las luchas gremiales. 

LA CTERA en el cruce de los proyectos de burocratización

Si la dictadura ya no sería el camino para garantizar la aplicación de los planes del FMI y la patronal, eran necesarios nuevos mecanismos para controlar las luchas sociales legitimando a interlocutores válidos que venían tanto de la vieja burocracia peronista como a otros nuevos igualmente afines. 
Este proceso se favoreció mediante la creación de nuevos mecanismos y el reestablecimiento de viejos métodos de cooptación de los sindicalistas al aparato de Estado (prebendas, poder, influencias) o de beneficios de la producción en el caso de los sindicatos de ramas privadas (poder de designación en puestos de trabajo de clientes, ingresos adicionales, etc.) 
Desde el Ministerio de Trabajo se fallaba a favor de las listas oficialistas o de sectores de la vieja dirigencia de la CGT, aún comprometiendo la legalidad de sus resoluciones, bajo la impunidad que les otorgaba una justicia aún no removida desde la dictadura. Tal fue el caso del propio gremio docente. 
El IV Congreso de CTERA había abierto una crisis de la cual emergieron dos conducciones que dieron lugar al funcionamiento durante casi 9 meses de dos CTERAs, con un peso casi equivalente en número de delegados congresales. Una CTERA (Sec. Arizcuren) reivindicaba la vigencia del Estatuto fundacional de la Confederación (73´) con elementos democráticos como los Confederales, únicos facultados para resolver sobre medidas de fuerza mediante la votación de delegados que debían a su vez estar mandatados por asambleas de base. El Estatuto establecía, también, la representación proporcional de las diferentes listas en la conducción, lo que favorecía la unidad y la democracia de la entidad. Todos los sectores de la docencia estaban representados en proporción a su peso lo que obligaba a que se respetara la democracia sindical. 
La otra CTERA (Sec. Garcetti) tenía como proyecto modificar esos Estatutos para tomar como modelo el de los sindicatos tradicionales de la CGT: la facultad de las conducciones ejecutivas para resolver sobre medidas de fuerza sin el requisito de las asambleas de base, un mayor centralismo en las conducciones que pasarían a estar conformadas por listas únicas. 
Siendo que el Congreso había concluido con un número parejo de congresales entre ambas fracciones -259 CTERA(A) y 220 CTERA(G)-, el Ministerio de Trabajo había resuelto, sin responder al reclamo de nuevo congreso unificador solicitado por la CTERA (A) y sin ninguna legalidad, reconocer como única representación a la CTERA (G) de la Lista Celeste en acuerdo con el sector oficialista del radicalismo. La CTERA (A) –radicales y sectores de izquierda- en ejercicio efectivo de la conducción de la confederación, apeló a la Justicia. 

Las bases imponen la unidad 

La presión de las bases, sin embargo, impone la unidad en los hechos. Marchas, asambleas por distritos sobrepasan la fractura e imponen acciones unitarias. Garcetti no puede limitar la huelga a las 48 hs. En aquellos distritos de Pcia. de Bs. As donde coexisten ambas CTERA, las asambleas son unitarias. 

En la Ciudad de Bs. As. se conforma el primer y único caso de Coordinadora de Acción Gremial de todas las entidades: ADEF (Educación Física), ADEMYS (sólo Media y Superior en aquellos años), UMP (maestros de primaria), UDA (Docentes nacionales), CAMyP (Maestros y Profesores), UDAM, CPAE-SUTEC, UOEM para la organización de la huelga. Se realiza la primera asamblea de más de 1.000 docentes en la Av. Belgrano, frente a la sede del Sindicato de ATE porque no cabían en el salón. Se votan a mano alzada las medidas a seguir: impulsar una marcha nacional unificada, formar coordinadoras distritales y continuar la huelga por tiempo indeterminado. Se envía invitación a SUTEBA para que se sume a la marcha unitaria. 
Las propias bases impusieron la convocatoria a la Primera Marcha Blanca Nacional el 25 de marzo. Docentes de todo el país viajaron a la Capital. Mientras la CTERA (G) ordenaba a la seguridad de la marcha que desmontara el palco en Plaza de Mayo, la CTERA (A) apelaba a los trabajadores de Fabricaciones Militares que habían acudido en solidaridad y lograba reinstalarlo. Pero al palco finalmente sólo subieron Garcetti y Ubaldini. La “seguridad” de Ubaldini impidió la participación en el mismo de los representantes de AMSAFE (Santa Fé) que expresaban a la CTERA (A) y que habían acudido con 30 micros desde su provincia. 
En Capital las asambleas distritales se transformaron en el nudo organizador diario de la huelga. Cada distrito tenía autonomía de funcionamiento y por tanto la participación de cada uno era importante y resolutiva. Clubes, confiterías, plazas se transformaron en los lugares diarios de encuentro ya que las escuelas habían sido cerradas. Cada día, por la tarde, funcionaba el cuerpo de delegados distritales que traían los mandatos de las asambleas de los 21 distritos a la sede de la U.M.P. (Unión de Maestros Primarios). Su Comisión directiva, integrada mayoritariamente por la Lista Marrón (PC-MAS-PO e independientes), se sometía diariamente a las resoluciones de ese plenario. Al calor de la huelga, 4 asambleas generales de toda la Capital fueron marcando el ritmo de la participación y las resoluciones. 

El acuerdo radical-peronista 

El gobierno radical nacional venía jugando a favor de la CTERA (G) y se negaba a recibir a los representantes de la CTERA (A). Mediante un operativo de “fuga” lograron la traición de Arizcuren que desapareció de la escena el primer día de la huelga. Esto debilitó a la CTERA (A) que si bien en los hechos era quien había impuesto el paro y el pliego de reclamos (1000 australes y nomenclador nacional), fue también “desaparecida” de escena por los medios de prensa que, en acuerdo con el gobierno, pasaron a erigir a Garcetti en el único interlocutor. 

El gobierno nacional promovió las negociaciones por provincias para romper la unidad del conflicto. Las primeras fueron las provincias y distritos radicales: Capital, Río Negro, Córdoba, Tierra del Fuego. En la Ciudad de Bs. As. el 30 de marzo el gobierno radical de Suárez Lastra logró la firma unilateral de la CAMYP aceptando una oferta salarial de 700 australes y el llamado a levantar la huelga. La lista morada radical de la UMP fue aceptada como firmante sin ser entidad gremial. Descontaron el mes de huelga a todos los docentes y lanzaron una ofensiva mediática para quebrar la huelga desde la Capital. Una asamblea de 2000 docentes en el Club Unidos de Pompeya condenó por traición a la CAMYP y convocó a continuar el paro. El paro se mantuvo casi en un 70%. 
A la ofensiva del gobierno y los descuentos había que sumar el hecho que la CTERA (G) en realidad tenía un reclamo salarial equivalente a lo ya otorgado por los radicales en Ciudad: 700 australes. La directiva de la UMP y ADEMYS se encontraban en una encrucijada ya que, solidarios con reclamo nacional de no aceptar negociaciones sectoriales a fin de lograr el nomenclador nacional, no aceptaron el juego del Ministro Mathov de entrar en negociaciones sectoriales. Así la huelga en la ciudad hubo de sostenerse durante 18 días más, prácticamente en solidaridad con las provincias. 
El 16 de abril se llegó al punto máximo del conflicto, cuando se realizó el paro nacional de la CGT en solidaridad con la docencia. Miles de fábricas en todo el territorio nacional, bancos, hospitales, pararon en apoyo de los docentes. Un hecho histórico, pocas veces visto en nuestro país. Es que la huelga docente contaba con la simpatía de todos los trabajadores. Con una dirigencia en crisis, la docencia había logrado canalizar el descontento nacional con la política económica del gobierno. 
Pero al mismo tiempo los gobiernos peronistas, encabezados por Cafiero de provincia de Bs. As., acordaban con Alfonsín imponer la conciliación obligatoria. 
Nuevamente, en una maniobra política y mediática que no tenía ningún respaldo legal (la medida no podía aplicarse a un gremio estatal, donde el propio estado era una de las partes), radicales y peronistas acordaron con la conducción de Garcetti cómo derrotar el conflicto. Al aceptar la conciliación el 18 de abril por un mes, desmovilizaban al gremio y desmontaban la solidaridad que se había tejido a su alrededor y que amenazaba con desencadenar un conflicto nacional contra los planes económicos del gobierno, especialmente luego del paro nacional de la CGT. La docencia aparecía como la voz que cristalizaba el descontento nacional. 
Garcetti y Mary Sánchez afirmaron una y otra vez por los medios que los descuentos eran innegociables, al mismo tiempo que dejaban de lado la exigencia del nomenclador nacional. Ubaldini se negó a llamar a un nuevo paro nacional en apoyo a esta histórica huelga. 
Cuando finalmente firmaron el acuerdo, el 24 de mayo, aceptaron sin más el levantamiento definitivo sin condiciones sobre los descuentos a Capital (43 días) y a otras provincias, lo que condujo la huelga a la derrota. El salario pactado finalmente en mayo, 750 australes, ya había sido comido por la inflación durante la huelga (15% mensual) y su actualización desde marzo hubiera demandado un reclamo de 1.016 australes. Tampoco quedó establecido el nomenclador nacional y se realizaron descuentos de los días de paro en algunas provincias. 
En cambio sí quedó definida la nueva conducción de CTERA: la lista Celeste que inauguró una dinastía que llega hasta la fecha, 20 años después. El Congreso siguiente de la CTERA sancionó el deseado nuevo estatuto que eliminó la proporcionalidad en las conducciones y los confederales con delegados con mandatos de asamblea. En capital hicieron lo mismo. Cambiaron el Estatuto a fines de diciembre del ’89 cuando la docencia estaba de vacaciones. En una asamblea secreta eliminaron las asambleas, las comisiones distritales y la proporcionalidad en las conducciones. 

Las lecciones del “maestrazo” 

Si bien el Maestrazo fue derrotado, es posible desprender de esta gesta de la docencia de nuestro país algunas enseñanzas: 

1) La asamblea y la decisión de las bases.
La fuerza del maestrazo no se explica sino es a partir del hecho de que, por los diferentes factores antes considerados, fueron las bases las protagonistas de esta huelga. Mediante las asambleas de escuela, distritos y de Capital se fue tejiendo una cultura de respeto a la decisión de todas y todos que retroalimentaba el deseo y la voluntad de participar. Justamente al saber que la presencia de cada una/o tenía valor porque el voto era resolutivo, se incrementaba esa participación. 

A la hora de las quejas respecto a que “la gente no participa hoy de la vida política y gremial”, resulta fértil, entonces, pensar en qué medida los mecanismos por los cuales se fue expropiando la capacidad de resolución fueron adormeciendo la voluntad de participación en la cosa pública. En este sentido el carácter resolutivo de la decisión de cada uno es una cultura que debemos recuperar, reconstruyendo el mandato de escuela, la asamblea de distrito y de Capital. 
2) La unidad de las bases rompe la división sindical
Un mal que nos aqueja siempre en Capital es la división gremial que lleva a que sea difícil conjugar decisiones con más de una decena de sindicatos que tira cada uno para su lado. El sostenimiento de diferentes sindicatos ha sido una política del Estado en Capital (prebendas, comisiones, plus) para favorecer la división de la jurisdicción más concentrada del país (60 mil docentes) y con mayor peso potencial en la vida nacional. La unidad en las bases, como se hizo durante la huelga con las asambleas abiertas sin distinción de afiliación, le impuso a la dirección burocrática las medidas votadas. Recuperar esta experiencia de asambleas, puede marcar también el camino para la reunificación de la capital en el plano no sólo de la lucha sino también sindical. 

3) La unidad con familias y demás trabajadoras/es
Durante toda la huelga hubo una permanente preocupación por llegar a las familias, mediante cartas que se volanteaban en las puertas de escuelas, asambleas y la invitación a las marchas. El reclamo por más presupuesto unificaba el salario con la demanda de la población por mejor educación. Por eso, la huelga, lejos de ser una demanda corporativa, unificaba reclamos con la población. 

También hubo una búsqueda de promover la solidaridad de los otros sectores de trabajadores. No pocos distritos de la CTERA (A) promovieron el Fondo de Huelga en fábricas, colas de bancos y colectivos. 
Al mismo tiempo, en tanto la huelga desafiaba la política económica del gobierno, la unidad con el resto de los trabajadores se fue haciendo reclamo desde las propias fábricas y bancos. La conciliación no sólo vino a desactivar a la docencia sino a la posibilidad de que el enfrentamiento se volviera nacional y derivara en luchas unificadas de todos los sectores contra el plan económico. La derrota docente abrió un período de inflexión en las luchas de la década que terminó cristalizando en la aplicación casi total de los planes del FMI. Poco tiempo después fueron derrotadas las huelgas telefónicas, ferroviarias y de YPF, con sus consiguientes privatizaciones que hasta hoy padecemos. La docencia había sido la punta de lanza de la resistencia. Su derrota inició un curso de otras derrotas de la clase trabajadora en la década del 90´ y abrió paso al triunfo del neoliberalismo de la mano de Menem. 
4) El rechazo a la conciliación obligatoria 
Las direcciones peronistas y radicales, junto con el accionar de gobiernos de mismo color y sus instituciones, logran hacer quebrar el brazo de los docentes con la imposición de la conciliación obligatoria, para marcar ellos los tiempos de la negociación. La clase obrera de conjunto, y en especial los trabajadores de la salud y educación, van a sacar lecciones de esto: en el 2005 son los trabajadores del Garrahan los que se van a oponer a acatarla y hace un año, los trabajadores docentes de Santa Cruz rechazan la conciliación obligatoria impuesta por el gobierno provincial. 
5) El Estado y la Justicia juegan a favor de los poderes económicos 
El “maestrazo” puso a prueba a las instituciones estatales que intervinieron no como “árbitro de todos”, como dicen los textos escolares, sino para garantizar la aplicación de los planes sectoriales que exigía el FMI. 
a) El Ministerio de Trabajo erigió en conducción a aquellos que le garantizaban “protestas” controladas que no “tumbaran” el curso de sus planes de gobierno. 
b) El Ministro de Trabajo fraguó la aplicación de una supuesta Ley de Conciliación Obligatoria. 
c) Los jueces avalaron su actuación sin poder nunca probar su legitimidad. 

20 años después: la docencia ante el desafío de una nueva unidad nacional 

El triunfo de la dinastía Celeste permitió luego la aplicación de la Reforma Educativa que se inició con la Ley de Transferencia (91´) de todas las escuelas a las provincias por orden del FMI en virtud del Plan Brady para la renegociación de la deuda externa. Luego vinieron las diferentes leyes de educación que fueron una a una sostenidas por la conducción de CTERA y sólo criticadas cuando la resistencia de las provincias lideradas por sectores opositores lo imponía. La destrucción del carácter nacional de nuestro sistema educativo no fue un “error” de la aplicación de la ley, como sostuvo Filmus y su equipo, sino un plan expreso de los organismos internacionales para, entre otras cosas, desactivar la fuerza política del gremio docente que hizo temblar un gobierno nacional. 

ATEN (Neuquén) fue sin duda la vanguardia de esta resistencia siendo la única provincia que impidió la aplicación de la Ley Federal. Las luchas del 2007 de Santa Cruz, Neuquén, Salta y demás provincias vuelve a plan-tear la necesidad de recuperar la unidad nacional de la docencia para luchar tanto contra el maquillaje de la Ley Filmus-CTERA de educación como para resistir la nueva variable de ajuste de la economía nacional: los salarios comidos por la inflación ahora bajo el gobierno K. 

Las lecciones del maestrazo, nos ayudan a pensar este camino. 
Bs. As., 16 de abril del 2008 

 

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Sobre nosotros Laura Marrone

Legisladora Ciudad de Buenos Aires - FIT-Izquierda Socialista (2017) 2019 Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA) Trayectoria laboral Profesora de Enseñanza Superior (2012-2018) Maestra (1984-2012) Cajera de venta de hamburguesas (París 1981-1983) Mucama de hotel (París 1981) Empleada en fábrica metalúrgica (Madrid 1979-1981) Bibliotecaria (1973-1976) Trayectoria política Fue Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys (2010-2013) Vicepresidente de UMP-CTERA (1985-1989) Exiliada política por estado de sitio (1979-1983) Militó en la Liga Socialista de los Trabajadores de Francia y en el movimiento de los inmigrantes sin papeles de París Militó en Comisiones Obreras de España, en la rama metalúrgica en Getafe, España. Fue expulsada de España durante el Tejerazo. (1981) Presa política de la dictadura (1976-1979) Delegada de nivel superior en la UEPC-CTERA- Córdoba (1973-1976) Delegada estudiantil en la Facultad de arquitectura (1971-1973) Ingresó a la corriente morenista a la cual perteneció hasta la actualidad 1971-2018 en sus diferentes organizaciones. PRT-La Verdad, PST, MAS, Izquierda Socialista. Militante del movimiento tercer mundista del catolicismo en Córdoba (1969-1971) Escribió libros de texto para el nivel primario y secundario para Estudios Sociales y Formación Ciudadana. Artículos sobre política educativa.

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