PALABRAS POR SAN MARTIN

PALABRAS POR SAN MARTÍN –

En esta ocasión hablamos de San Martín en un nuevo aniversario de su muerte. Una figura emblemática de nuestra historia.

En 1812, cuando regresó a nuestro país para sumarse a la lucha revolucionaria por la independencia de América, organizó el famoso cuerpo de Granaderos a Caballo. Urgió a la convocatoria a la Asamblea que debía sancionar una Constitución para la nueva nación. Asamblea que habría de reunirse al año siguiente para legislar derechos de los pueblos, que debían ser libres e iguales, derrocando privilegios de nobles, torturas y aboliendo la esclavitud para los hijos de los esclavos.
Todo ello según el espíritu de la Logia Lautaro que también ese año habría de formar con otros revolucionarios. Esa logia que desde la clandestinidad, actuaba y militaba, para que sus planes fueran efectivos, y que no casualmente tomó el nombre de Lautaro, aquel indio que encabezó los primeros levantamientos contra la opresión española en Chile.
Una seña, quizás, que nos dejó de una sociedad que imaginaron igualitaria, al menos en los derechos civiles y políticos, también para los pueblos originarios. Algo diferente a lo que ocurrió, sin embargo, después, cuando las nuevas clases dirigentes de la nueva nación emprendieron el genocidio indio en el mal llamado desierto.
Las historias de los pueblos no son caminos rectos. Tienen saltos y también retrocesos. Una revolución que derrota el poderío militar y económico de uno de los imperios más poderosos de la historia, es uno de esos hechos, que producen cambios bruscos y que requieren seres humanos capaces de “grandes empresas”, de “dar batallas, aunque algunas se pierdan”, tal como sostuvo este general.
Nos preguntamos: ¿Qué hace que las personas un día dejen su tranquilo orden hogareño, abandonen todo por una causa común a un pueblo, y que, sin embargo, puede ser incierta para cada uno en particular? Certezas, de que no se puede vivir más como hasta entonces y que es posible un cambio, revolucionario, para que al menos sus hijos puedan vivir mejor.
Pueblos agotados por la explotación y la miseria a las que los sometía el régimen colonial para la extracción de sus riquezas metalíferas, la imposición de reglas comerciales monopólicas que establecían términos de intercambio arbitrarios y el pago de tributos a una corona que no daba nada a cambio, se sintieron convocados, a cambiar su historia.
Y se nutrieron de ideas de otros pueblos y pensadores como los franceses que proclamaban que era posible construir un mundo de igualdad y fraternidad.
San Martín fue uno, junto a tantos otros, como Monteagudo, Castelli, Belgrano, Moreno, Murillo, Artigas, Azurduy. Conocidos e ignotos. Hombres y mujeres, con bronces y sin ellos, que fueron a las batallas, entregaron bienes personales y hasta sus vidas.
Y surgieron estados nuevos. Y se configuraron identidades de nuevas naciones, a veces más pequeñas o curiosamente recortadas por fronteras que pudieron no ser tales.
¿Por qué no triunfó la patria grande, el sueño americanista de San Martín y Bolívar? ¿Por qué resultaron tantos pequeños países, de aquel Virreinato del Río de la Plata que terminó dividido en 4 estados, Bolivia, Paraguay, Uruguay y Argentina, y que sin embargo compartían historias y pueblos?
Lo dijimos antes, la historia no es lineal ni unívoca. Los imperios se reciclaron bajo nuevas formas e impusieron nuevas reglas a las jóvenes naciones. Y requirieron dividir al continente del sur para poder dominarlo comercialmente y condicionar el desarrollo de sus economías a las necesidades de las nuevas metrópolis.
Nuevos imperios que hicieron y hacen otras guerras, pero no de liberación de los pueblos. Guerras de conquista y depredación, para acumular para unos pocos, sobre la base de la desposesión de muchos.
Quisiera por un momento convocar a pensarnos con el sueño americanista de entonces. ¿Qué es ser libres e independientes hoy? ¿Qué ocurre con nuestras riquezas naturales? ¿Con nuestro territorio? ¿Con nuestras economías? ¿Nuestros pueblos? ¿Nuestros ambientes?
A escala mundial, existe una reconfiguración territorial económica y política que se ha dado en llamar globalización: un elevado nivel de transnacionalización de las empresas capitalistas, la mundialización de las relaciones de producción, la tecnificación del capital ficticio o especulativo, ha provocado una nueva inserción subordinada – económica, política y cultural- de los países o espacios nacionales a las empresas transnacionales, en concordancia con los organismos internacionales –FMI, Banco Mundial, OMC.
Tenemos “bandera, himno, moneda y gobierno propio” como señalaba San Martín a los congresales de Tucumán. Pero algo pasa con nuestra independencia. Nuestra inserción en el mundo se está dando desde la primarización de nuestra economía, al mismo tiempo que somos receptores de una ofensiva extractivista de nuestros recursos naturales.
Somos, otra vez, una especie de “granero del mundo”. El campo produce cada vez menos diversidad de alimentos y en cambio se extiende el monocultivo de soja para alimentar el ganado de los países centrales o cultivos para biocombustible. Los países y por tanto sus pueblos pierden soberanía alimentaria. Poblaciones enteras son desplazadas y quedan sin trabajo. El vuelco de empresas megamineras a la extracción minera no sustentable depreda el ambiente, el agua y destruye las economías agrícolas regionales. Sus dádivas corrompen a los gobiernos locales hipotecando el futuro de las generaciones venideras. Los ambientalistas alertan sobre el uso de cianuro en las fuentes de agua de las montañas así como sobre el uso de agroquímicos en los campos.
El peligro en el mundo no es el de una crisis económica más. Vivimos una crisis civilizatoria: climática, energética, ambiental. De algún modo estamos llegando a esos ciclos de la vida donde está planteada la duda de si es posible seguir viviendo del mismo modo y hasta cuándo.
Tal vez llegó el momento de hacer un alto, y pensar: ¿cuál es la magnitud del problema que afrontamos? Tal vez llegó una de esas horas donde los pueblos se paran y dicen, como lo hicieron otros hace 200 años, que no se puede vivir más del mismo modo y se hace necesario pensar en un cambio, profundo, no circunstancial ni anecdótico.
No se trata de tal o cual gobernante para un modelo que supuestamente funciona. Se trata de replantearnos nuestro modo de vida civilizatorio. Y recriminarnos como lo hizo San Martín a los Congresales de Tucumán, que no se decidían a declarar la independencia:
¿Hasta cuándo van a esperar?, ¿Queréis ser libres del rey de España? les preguntaba.
Y preguntarnos: ¿Queremos defender nuestros suelos de una explotación no sustentable que depreda sus nutrientes y conduce a la desertificación? ¿Queremos defender el agua de nuestros ríos y acuíferos del cianuro de las megamineras y los agroquímicos contaminantes? ¿Queremos defender la vida de las deformaciones genéticas a las que exponen las fumigaciones aéreas en los pueblos vecinos a los campos de soja? ¿Queremos impedir que un puñado de banqueros y empresarios arrojen a los pueblos a la miseria y al hambre al compás de las cotizaciones de las bolsas? ¿Queremos poner la ciencia y la tecnología al servicio del bienestar de todos y no de la ganancia de unos pocos? ¿Queremos disfrutar de las relaciones humanas y la cultura en lugar de estar sometidos a los imperios del consumo y el mercado?
Si eso queremos, pongámonos a pensar cómo. Tal vez no necesitemos crear nuevas logias secretas como en esas épocas o ser clandestinos, como bajo las dictaduras. Tal vez tampoco necesitemos, necesariamente nuevos San Martines o Bolivares, porque podamos actuar en relaciones más colectivas y menos dependiente de líderes o caudillos. Pero seguro quedarnos cada uno su casa, salir de la pasividad individual, sentir la cosa pública como nuestra y recuperar pasión por el destino de todos.
En la pre-cordillera de nuestros Andes, los mismos que cruzó San Martín, hoy centenares de vecinos se reúnen desde hace ya algunos años en Asambleas Ciudadanas para impedir que poderosas máquinas hagan de sus montañas, polvo, por un puñado de oro. A muy pocos kilómetros donde San Martín estableció su campamento del Plumerillo para preparar su ejército, en San Carlos junto a la Laguna del Diamante, los vecinos se organizan. Algunos pasan noches enteras en cortes de ruta que llevan meses, mientras toman mate o cantan en rondas junto al fuego. No tienen prensa. No se habla mucho de ellos. Pero están, tal vez defendiendo la patria, como San Martín y Monteagudo. Como Murillo y Juan Azurduy.
No están solos. Otros, en otros confines luchan por lo mismo. En el Tipnis de Bolivia, pueblos nativos debaten si una carretera bioceánica habrá de cruzar la amazonia poniendo en jaque a ese Parque Nacional. En Perú, en Cajamarca, los campesinos resisten el proyecto minero Conga que destruiría sus economías.
Desde las entrañas mismas de aquella América que un día dijo basta, nuevas voces recogen el proyecto americanista. Para los pueblos. Para que la economía esté en función de su bienestar y no de las ganancias.
Laura Marrone
(Docente de ISFD de Prov. Bs As)
Hoy facebook me devolvió estas palabras. Fueron dichas en un acto escolar en 2013

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Sobre nosotros Laura Marrone

Legisladora Ciudad de Buenos Aires - FIT-Izquierda Socialista 2017-2019 Licenciada en Ciencias de la Educación (UBA) Trayectoria laboral Profesora de Enseñanza Superior (2012-2018) Maestra (1984-2012) Cajera de venta de hamburguesas (París 1981-1983) Mucama de hotel (París 1981) Empleada en fábrica metalúrgica (Madrid 1979-1981) Bibliotecaria (1973-1976) Trayectoria política Fue Secretaria de Asuntos Pedagógicos de Ademys (2010-2013) Vicepresidente de UMP-CTERA (1985-1989) Exiliada política por estado de sitio (1979-1983) Militó en la Liga Socialista de los Trabajadores de Francia y en el movimiento de los inmigrantes sin papeles de París Militó en Comisiones Obreras de España, en la rama metalúrgica en Getafe, España. Fue expulsada de España durante el Tejerazo. (1981) Presa política de la dictadura (1976-1979) Delegada de nivel superior en la UEPC-CTERA- Córdoba (1973-1976) Delegada estudiantil en la Facultad de arquitectura (1971-1973) Ingresó a la corriente morenista a la cual perteneció hasta la actualidad 1971-2018 en sus diferentes organizaciones. PRT-La Verdad (1971-1972, PST (1972-1983), MAS,(1983-2004) Izquierda Socialista (2011 y sigue). Militante del movimiento tercer mundista del catolicismo en Córdoba (1969-1971) Escribió libros de texto para el nivel primario y secundario para Estudios Sociales y Formación Ciudadana. Artículos sobre política educativa.

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