Plan Maestro

¿QUÉ DOCENTE PRETENDE LA SEGUNDA GENERACIÓN DE LA REFORMA EDUCATIVA?

Laura Marrone[1]

 

El gobierno de Macri y su Ministro Bullrich pretende desarrollar en nuestro país una segunda generación de la Reforma Educativa[2].Su propósito es lograr una mayor correspondencia de la educación con las necesidades del capital en su actual etapa de globalización imperialista. El presente trabajo refiere a las consecuencias que esta etapa de la reforma, condensada en el llamado “Plan Maestro”,  pretende imponer al trabajo docente.

 

Homenaje a las y los docentes de Santa Cruz

 

acampe en la legislatura de rio de gallegos

Con la asunción de Macri al gobierno nacional se pretende desarrollar en nuestro país una segunda generación de la Reforma Educativa. Esta aspira a una mayor correspondencia del sistema educativo con las necesidades del capital en la etapa de globalización. No hablamos de neoliberalismo porque esto supondría  referimos a una política y por tanto, podría  haber otra, en el marco del capitalismo actual. Si miramos con atención las políticas que se llevan adelante en todos los países de América y del mundo, al menos Occidental (mis limitaciones no me permiten comprender aún  el mundo en su totalidad, incluyendo Oriente), veremos que son coincidentes y que las grandes líneas que disparan los organismos internacionales son luego reproducidas con matices en la mayoría de los países, tengan estos gobiernos, abiertamente de derecha como Trump, o se vistan de progresistas como Evo Morales en Bolivia.

Han pasado casi 30 años desde la primera que centró sus acciones en la promoción de la descentralización de los sistemas educativos, la supuesta autonomía de las escuelas  que perseguía, cuyo propósito real era liberar a los estados nacionales de sus responsabilidad financiera mediante el ajuste de gastos, y la reforma de los regímenes laborales docentes para su flexibilización y mayor disciplinamiento, entre otros temas.

Esta segunda se asienta en la anterior, pero profundiza algunos aspectos y desarrolla otros que afectan directamente la labor docente.

Los cambios en el mundo del trabajo

Para mejor comprensión voy a citar las palabras de Luis Segura, director de Educación 137 en el II Congreso de Educación y Desarrollo Económico que se realizó en la Usina del Arte en Bs As en 2016 con la presencia del Ministro de Educación Nacional, Esteban Bullrich, el gobernador de la Ciudad de Bs As, Larreta, y CEOS de las principales empresas del país. Segura hizo referencia a un informe del Ministerio de Trabajo de los EEUU que pronostica que: “En el 2030 el 60% de la población será su propia empleadora. Según informe de las Naciones Unidas, en 20 años 66% de los trabajos ya no existirán”[3].Argentina encabezaría  los rankings del mundo en el reemplazo del trabajo humano por computadoras.

A estas afirmaciones le correspondió otra del Ministro de Educación, Esteban Bullrich, diciendo que la escuela, en consecuencia, tiene que “preparar para el disfrute de la incertidumbre”.[4]  Dado que la mayoría de la población no tendrá trabajo hay que enseñar a ser “emprendedores”. De ahí la abundancia de cursos que están ofreciendo para que la gente aprenda a hacer pan en su cocina, pasear perros o más recientemente su invitación a producir cerveza artesanal.

Los propagandistas del “emprendedurismo” señalan que el proceso es muy rápido. Hemos pasado en poco más de cien años de requerir el 80% de la población mundial para producir alimentos para la totalidad, a necesitar solo el  2%. Esto supuso el cambio de la vida de las personas, del campo a la ciudad. Posteriormente hubo un  progresivo desplazamiento del trabajo fabril, de las manufacturas a las oficinas y sectores de servicios.

Para el gran capital, la revolución tecnológica,  que permite la mayor producción de bienes, con menos horas de trabajo, no significa la mejora del conjunto de la humanidad con una reducción histórica de la jornada de trabajo.  Se mira, en cambio, como una fuente de mayores riquezas individuales de cada capitalista individual y significa mayor  desocupación para el conjunto. En consecuencia, para enfrentar estos millones de desocupados cada vez más numerosos, los  intelectuales y propagandistas de los grandes empresarios proponen que, en perspectiva, se debería “desacoplar” los ingresos del empleo y el salario. Para ello promueven una renta básica universal, algo así como un plan social en su versión argentina, para esos miles de millones de desocupados que se vienen, expulsados del  sistema productivo en el mundo entero.

Su correlato en el trabajo docente

Llevado al plano del trabajo docente, la comparación es que deberíamos pasar de la etapa artesanal de nuestro trabajo y, a medias, de tipo industrial, a la era de la digitalización del propio trabajo pedagógico. La extensión del tiempo de escolarización  a lo largo de la vida, con promedios de hasta 22 años para algunos sectores que acceden a estudios universitarios y posgrados, supone mayores gastos, y crecimiento de la “mano de obra” del sector, o sea de los docentes y empleados de servicios diversos. Baste para ello pensar que, en Argentina, durante el Maestrazo del 88, la gran huelga que resistió la ofensiva de ajuste de los presupuestos educativos durante el  gobierno de Alfonsín, los trabajadores de la educación éramos 500.000. 30 años más tarde el número nos hemos duplicado. Según el Censo Docente del 2014, somos  953.275 docentes y 260.453 no docentes.

Parte del trabajo docente se ha “industrializado”,  podríamos decir, a partir del uso de material didáctico fabricado,  audiovisuales,  libros de texto de editoriales y programas digitales que, al igual que las máquinas, se apropian de parte del saber hacer del docente y lo traducen en material que reduce el tiempo de trabajo individual en la preparación de guías de trabajo, actualización de contenidos, facilitan su distribución y divulgación, etc. Pero al mismo tiempo significa un mayor control del recorte curricular y el enfoque de los temas por parte de las empresas editoras. Esto se agrava cuando, además, son los Ministerios de Educación los que definen la compra de los mismos en forma centralizada, en lugar de facilitar la elección democrática por parte de cada docente, biblioteca o escuela como viene ocurriendo en los últimos 20 años en Argentina. Esto ha empezado a hacerse evidente a partir de las recientes partidas de libros que empiezan a llegar a las escuelas enviadas por el Ministerio de Educación nacional que, por ejemplo, desarman la defensa de los derechos sociales.

La introducción de las TICs (Tecnología de la Información y la Comunicación) en la educación abrió una nueva dimensión del trabajo docente. Su potencialidad importa no solo el aceleramiento del acceso a la producción del conocimiento mundial sino que replantea las relaciones pedagógicas en el aula y fuera de ella. Estamos aún en los balbuceos de la revolución pedagógica que abre esta nueva tecnología en educación.

Pero, del mismo modo que la apropiación privada de los medios de producción de bienes materiales no está significando una mejora del conjunto de la población mundial, sino que ha agrandado las distancias entre los que más tienen,  y la mayoría de los que nada tienen, de ese mismo modo, la revolución digital en manos del capital no significa mejores condiciones para una revolución pedagógica en el sentido de educación como práctica de la libertad, de emancipación de la humanidad.

Para el gran capital, la revolución de la tecnología digital en educación sería parte de una llamada “Revolución educativa”  que barrería los viejos sistemas educativos. Esta revolución tiene dos propósitos. En primer lugar: aumentar sus ganancias. En el Congreso antes mencionado, F. Valenzuela, Ceo del Laboratorio de innovaciones en experiencias de aprendizaje sostuvo que “Hasta ahora los estados se han ocupado de la educación. Pero ahora el capital ha llegado a la educación. En la actualidad las empresas de servicios educativos  son las más rentables. Existe un proceso de concentración de estas empresas a nivel internacional”[5]. Su ejemplo personal es elocuente. Empezó hace algunos años y ya es multimillonario.

El capitalismo ha salido de sus sucesivas crisis, cuando no ha sido barrido por la lucha de clases mediante revoluciones, gracias a la ampliación del mercado a nuevos países, el desarrollo de nuevas ramas de producción o de guerras. En este momento, una de las fuentes que miran con apetito es el gasto de los estados de 5 a 8 % del PBI de los países en educación y salud, donde encuentran  una fuente inmensa de ganancias. Basta mirar las bolsas del mundo para comprobar que las empresas de servicios educativos son las que mayor rentabilidad están dando. Estamos hablando de empresas de evaluación docente, de inscripción de alumnos y de docentes por vía digital, de capacitación, de gestión de las escuelas, de servicios tercerizados para brindar docentes suplentes, etc. El ex Ministro de Educación de la Nación, Esteban Bullrich, el actual Ministro de Educación de Provincia de Buenos Aires, Gabriel Sánchez Zinny, y Rodríguez Larreta, el gobernador de Ciudad de Buenos Aires, entre otros, forman parte de los directorios de algunas de estas empresas.

Esta avanzada hacia la tercerización de áreas de trabajo de profesionales docentes y administrativos es reciente. Pero ya en la primera generación de la reforma, y bajo la mirada pasiva de muchos de nosotros, avanzó la tercerización de los trabajos no docentes: la limpieza, el mantenimiento, los comedores escolares, la seguridad.  Su desprotección estuvo ligada a un relativo corporativismo de nuestra parte, los docentes, que no lo miramos, no tuvimos solidaridad de clase para protegerlos de la precarización que hoy sufren. Invito a conocer la lucha de las trabajadoras de limpieza del Comahue en este momento para comprender de qué hablo[6].

Hacia un mayor disciplinamiento laboral e ideológico.

La revolución educativa que se proponen abriría la posibilidad de un mayor disciplinamiento del trabajo docente a las necesidades del capital. Son cambios que no solo refieren a un mayor disciplinamiento laboral sino también ideológico. Permite un mayor control de su tarea a través de la imposición de programas digitales diseñados, incluso en los centros de producción de conocimiento de países centrales a bajo costo.  A bajo costo, porque la tecnología digital les permite vender un mismo producto con casi nula inversión material en muchos países y a muchos gobiernos.

Las empresas productoras y distribuidoras lograrían no solo grandes ganancias, sino además pretenderían  imponer, como nunca en la historia de la humanidad, el control de lo que se enseña en el aula. Combinado con el empleo de las evaluaciones externas que condicionaría doblemente la tarea docente y el acceso a los estudios universitarios por parte de los estudiantes de niveles medios, estamos frente a una herramienta que, vuelvo a decir, en manos del capital, se podría transformar en una herramienta de control social que ni aún Foucault habría imaginado en su comprensión de la escuela como institución de las sociedades bajo vigilancia.

Para esta supuesta revolución educativa el rol del docente dejaría de ser el que defendemos,  como sostén del proceso de subjetivación en una relación donde la interacción entre pares resulta necesaria,  que permite el desarrollo del pensamiento crítico, de una educación para la emancipación humana de toda forma de opresión y explotación, para mencionar algunas de nuestras aspiraciones. Se trata de un docente concebido como un facilitador del uso de esa tecnología, al decir del mencionado Valenzuela, “de un curador de un museo” cuya tarea es preparar los materiales digitales para mostrar a sus alumnos. Por otro lado, harían falta menos docentes, ya que, un mismo facilitador podría manejar más alumnos conectados a una red virtual. Y esto aumentaría los recursos para las ganancias de las empresas de servicios.

Este cambio también lo piensan para la escuela. El Plan Maestro anuncia una revolución de la escuela como institución que dejaría de tener “territorialidad”, pensando en plataformas digitales desde las cuales los alumnos de todos los niveles podrían operar desde sus casas, sin requerimiento de edificios escolares, docentes, etc. En ese marco conciben también el perfil de las conducciones de instituciones educativas como gerenciadoras, tal como se definió a sí mismo el propio ex Ministro de Educación Bullrich: un gerenciador de recursos. Evidentemente, estamos en manos de gente que no educó nunca y por tanto no entiende de qué se trata la educación.

La Reforma de los Estatutos Docentes

Somos casi el único país donde la Reforma de los Estatutos Docentes no pasó desde la intención de hacerlo en los 90. El plan es liquidar el régimen de concursos públicos para el ingreso y ascenso a la docencia. Imponer el salario por desempeño, y terminar con la estabilidad docente para extender a todo el  gremio el régimen de precarización laboral  con los docentes contratados por proyectos, programas y planes fines, entre otros.

Mencionemos solo al pasar como impulsores de esta política en los 90 a la Fundación Sofhia de Larreta, el libro Educación para todos de Juan Llach y Silvia Montoya, los programas de inclusión de Filmus, los proyectos de ley de Educación de Bullrich en  el 2005. En la Carpa Blanca del 97-99 CTERA reclamaba un incentivo docente que en su borrador inicial era por desempeño. Pactó un impuesto al consumo que afectó al conjunto de los trabajadores en lugar de, por ejemplo,  un impuesto a los grandes monopolios o la suspensión de los pagos de la deuda externa.  Finalmente el Incentivo tuvo que extenderse al conjunto de la docencia debido a que el desastre de la transferencia de las escuelas a las provincias impuesto por el gobierno de Menem-Cavallo no garantizaba salarios de subsistencia. Se transformó en un plus salarial en negro que cubrió apenas el 5% del salario básico y bajo Bullrich, el 10%, aproximadamente.

La segunda generación de la que hablamos vuelve a la carga con este proyecto. Pero la idea no es derogar los estatutos en forma explícita pues el gobierno sabe que eso significaría extender el conflicto actual de Misiones a todo el país. El plan es imponerlo a través del sistema de evaluación estándar, externa,  que tendría resultados “nominales” del alumno y del  docente.[7] Esto abriría por un lado la puerta para la restricción al ingreso a la universidad de los alumnos que tuvieran un determinado puntaje en las pruebas de evaluación en media, tal como ya ocurre en algunos estados de Brasil. Por otro, sería la base para la conformación de un registro nacional de carrera docente de aquellos docentes que adhieran, “voluntariamente”, según está consignado en el novedoso Plan Maestro. Este plan supone que en el 2026 el 50% de los docentes ingresantes al sistema educativo en el 2019 estén adheridos.[8] Nótese, entonces, que ya no se habla de “voluntariamente”. Podemos prever la aplicación de lo que ya ocurrió en Chile y México donde los docentes elegidos por concurso público, titulares, quedaron como residuales de un sistema que impuso un nuevo régimen laboral a partir de las nuevas camadas de docentes.

Otro aspecto del régimen laboral que pretende el Plan Maestro es bifurcar el ingreso a la carrera docente entre aquellos que se dedicarían a tareas de conducción de escuelas y distritos, y aquellos que quedarían para enseñanza en el aula[9]. Curiosamente ninguna de estas propuestas plantea al nuevo gobierno la necesidad de modificar la legislación vigente. Muy por el contrario, se apoyan en la Ley de Educación Nacional 26.206/06 que habilitó, no solo la evaluación externa antes enunciada[10], sino también el ingreso a la docencia diferenciado entre conducciones y docentes de aula[11]. Durante la dictadura esto tenía un lenguaje más explícito. Se  hablaba de docentes de conducción y de ejecución. En realidad el régimen propuesto reproduce el esquema jerárquico de las estructuras militares que suponen que algunos están para conducir y otros para obedecer.

Esta concepción de la división del trabajo amerita un debate profundo sobre el retroceso que significa respecto del actual régimen laboral ya que al existir una carrera única, la o el docente debía tener una experiencia de, al menos 10 años frente a alumnos,  antes de aspirar a un cargo de conducción. Con el nuevo régimen, una persona que nunca pisó el aula, ni estuvo frente a 40 alumnos, podrá pararse a dar órdenes a los docentes solo por haber hecho carreras y cursos y, seguramente, tener  relaciones con el poder político o con el propio sistema jerárquico que se auto-reproduzca en sus redes de relaciones y contactos.

Detrás de esta concepción está la visión que sostiene que,  quienes están frente a instituciones educativas requieren más bien una formación en “management” de instituciones,  administración de recursos materiales y humanos, con  un desarrollo  de “liderazgo”  empresarial, tal como brindan los actuales cursos de ascenso para directivos en la Ciudad de Buenos Aires de la Universidad de San Andrés, pagados por el propio Ministerio de Educación. Todo esto, en lugar de una formación vinculada al proceso enseñanza  mismo.

Retrocederíamos de los pequeños avances que en algunas jurisdicciones empezaron a asomarse a partir de la caída de la dictadura, por ejemplo en los diseños curriculares de la Ciudad de Bs As, que presentaban a los equipos de conducción como coordinaciones, aun cuando esto no constituyó una reforma de las normas ni de los reglamentos escolares ni llegó a ser promovido por los gobiernos de turno.

Detrás de este retroceso se esconde una concepción de la división social del trabajo que nos remite a los debates de Marx sobre la alienación en el trabajo. Razones de espacio y tiempo impiden profundizar en esta nota sobre el tema. Recordemos simplemente su batalla contra la división entre trabajo  manual e intelectual que llevaba a la deshumanización del obrero por parte del capital. Desde hace 60 años podríamos historizar, vivimos una división entre educadores e investigadores, y se ha quebrado el rescate de la producción del conocimiento al interior mismo de la escuela. Recordemos una reflexión de Piaget que lamentaba el desprecio que existía en el siglo XX hacia la potencialidad de la reflexión pedagógica del docente de aula y lo culpaba como causal de la falta de avance hacia una pedagogía científica.

Nos encontramos ahora, con una extensión más perversa aún del actual esquema.  La división no sería ya solo entre la universidad y la escuela, entre investigadores y docentes, sino dentro de la escuela misma, llevando a la proletarización del trabajo docente, no solo en el hecho de su bajo salario, sino en la alienación de su trabajo. Significa que se concibe al docente como un obrero u obrera de la tiza y del «mouse», que aplica material preformado, en lugar de un docente capaz de hacer, pensar y sentir.

Lo que existe es producto de la lucha de clases

La realidad de la tarea docente en nuestro país no es, sin embargo, lo que estos planes arriba explicados lograron imponer. Nuestra realidad no puede entenderse sino a la luz de que el gremio docente ha luchado contra estas políticas, aún a pesar de sus conducciones sindicales que no las pusieron en el puesto de mando de sus acciones. Por eso su resultado es un híbrido, entre los planes de los gobiernos y los organismos internacionales por un lado,  y la lucha de las y los docentes empujadas desde abajo, a veces sin organización, autoconvocados, con sindicatos locales, sin coordinación nacional por otro.

Nuestro sistema educativo tiene aún régimen de concursos públicos y rigen los estatutos docentes  porque la docencia ha luchado a brazo partido durante estos 30 años. Ha luchado no solo por sus salarios sino por la escuela y la educación pública. Escuela pública entendida esta como el espacio donde acceden todos sin distinciones sociales, religiosas o de nacionalidad. Educación pública en el sentido de conocimiento crítico, contrastable, creativo.

Durante estos 30 años, desde la caída de la dictadura podemos decir que  hubo una “primavera” en las aulas. La lucha por los derechos humanos, contra las megamineras y las pasteras, por la defensa de los derechos ambientales, los derechos de la mujer y la diversidad cultural tuvieron un puntal de apoyo en la tarea paciente que las y los docentes hicieron a lo largo y ancho del país. No fueron políticas de estado. Todas estas batallas han contado con el aporte genuino de la docencia tal vez del mismo modo que, generaciones anteriores de docentes enseñaron a una y otra vez que las Malvinas eran argentinas.

Fueron trabajos valientes, en soledad, compartidos en forma artesanal, a veces resistidos por las propias autoridades. Me animo a decir que, en esta nueva etapa, vamos a defender no solo nuestras condiciones laborales, sino también nuestra cabeza y nuestro pizarrón.

Laura Marrone

Licenciada en Ciencias de la educación

Docente de Enseñanza Superior en lSFD 11 –Pcia de Buenos Aires

Legisladora del FIT en la Ciudad de Buenos Aires  en representación de Izquierda Socialista

[1] El presente trabajo fue expuesto en los paneles de Trabajo Docente organizados por la Asociación de Graduados de Ciencias de la Educación. Mayo 2017 en la facultad de Filosofía de la UBA. Buenos Aires.

[2] http://lauraendamarrone.blogspot.com.ar/2016/12/las-dos-generacines-de-la-reforma.html

[3]Ver Educación 137. II Congreso de Educación y Desarrollo Económico. Buenos Aires. 2016

[4]Ver Bullrich en Educación 137. II Congreso de Educación y Desarrollo Económico. Buenos Aires. 2016

[5]Ver Educación 137. II Congreso de Educación y Desarrollo Económico. Buenos Aires. 2016

[6]Las trabajadoras de limpieza de la Universidad del Comahue tomaron durante más de dos meses la Facultad de Derecho en marzo de 2016 debido a que, tercerizadas por una cooperativa  que concesionó el rectorado, quedaron afuera a partir de la no renovación del contrato luego de 5 años de trabajo. Su reclamo es por ser reconocidas como trabajadoras de la Universidad de Río Negro. No lograron la solidaridad de docentes ni de no docentes. Solo de los estudiantes. Según sus declaraciones, el motivo de la no renovación de la concesión se debía a que el Rectorado cedía a la dirección del sindicato no docente que quería introducir su propia cooperativa en esa facultad.

[7]Ver pág. 24 Proyecto de Ley Plan Maestro – Marzo 2017-Ministerio de Educación y Deportes de la Nación

[8]Idem pág. 51

[9]Idem pág. 51

[10]Ver Ley de Educación Nacional 26206/06 Art. 94 a 97

[11]Ver Ley de Educación Nacional 26206/06. Art. 69.El Ministerio de Educación, Ciencia y Tecnología, en acuerdo conel Consejo Federal de Educación, definirá los criterios básicos concernientes a la carrera docente en el ámbito estatal, en concordancia con lo dispuesto en la presente ley. La carrera docente admitirá al menos dos (2) opciones: (a) desempeño en el aula y (b) desempeño de la función directiva y de supervisión. La formación continua será una de las dimensiones básicas para el ascenso en la carrera profesional.A los efectos de la elaboración de dichos criterios, se instrumentarán los mecanismos de consulta que permitan la participación de los/as representantes de las organizaciones gremiales y entidades profesionales docentes y de otros organismos competentes del Poder Ejecutivo Nacional.

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